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Las damas juegan ajedrez

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El olvido en Las damas juegan Ajedrez:

«El agua en la olla hierve. Mis manos y el frío. Te fuiste hace tiempo. La sal se consume. La cocina se hunde en vapores que suman la oscuridad que viene avanzando a través de la ventana. El agua en la olla hierve. Nada hay para echarle sólo esta tortuosa idea de saber que las horas se colman de imposibles. Te llevaste mis manos. La sal se evapora. Tengo toda la noche por delante. El agua en la olla hierve. Pienso en lo que tal vez estés pensando pienso que a lo mejor te encontrás en un rincón oscuro pensando en mis ojos pensando esta ausencia pensando en esta incapaz necesidad de perdernos. No puedo perderte. No puedo dejar que tu distancia carcoma los huesos los días. El agua en la olla hierve. Para qué hierve. Para qué si aún no llegás. Para qué si los caminos no te anuncian…»

Las damas juegan ajedrez, Editorial Alción, Córdoba, Argentina, 2007.

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Fragmentos de Las damas juegan ajedrez. El amor:

Esta forma de guardarme en los caminos de tu cuello en el silencio de tus ojos en la forma de tu boca cuando ambas caemos en el amor espeso de la noche cuando la noche nos da sus horas para ser la gran tormenta que se anuncia. Esta situación de hacer malabarismo con los días con el injusto dolor que proponen los días con esos tonos grises de la historia mientras se deshace la piel si la brisa de tu aliento se acerca y ya no podemos más que vaciarnos hasta quedarnos dormidas sobre nuestros cuerpos. Esta extraña melodía de escuchar tu voz en el eco de un caracol abandonado y cuidarlo del silencio mientras estoy muda y callada ante la ola que te envuelve. Esta manera de deshacernos de derrumbarnos delicadamente sobre el deseo sobre las telas que nos desvisten sobre el sol que nos despoja sobre la deliciosa idea de sentir que nos vamos perdiendo…

Existe esa realidad que inventamos. No es real la faja externa que nos abraza hasta ahogarnos y gira cada vez más veloz para construir un mundo de estelas. Es la realidad de la ficción donde sucumbimos por el vértigo de caer hasta tocar el fondo de nuestros sueños y despertar. No despiertes. No lleguemos al inminente final que parece acariciarnos los pies como si fuera una ola vestida de espuma. Suave y triste se mece la ola. No despierto. Suave y triste la brisa. El final se acerca. Pero no es verídica esta realidad donde descansa la mirada. No despiertes. Descansemos en el lecho del río como si fuera nuestro lecho. La realidad son esas pequeñas piedras que brillan en el barro.

Las damas juegan ajedrez, Editorial Alción, Córdoba, Argentina, 2007.

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