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Historia familiar de un país

Por Valeria Zurano

 

Conocí a la poeta peruana Teresa Orbegoso en un ritual poético, en la selva de Perú, camino a la ciudad de Iquitos, que significa “multitud separada por las aguas”. Así de misteriosas son las palabras en Perú, así como sus nombres. En esa ciudad coincidieron nuestros viajes poéticos. Luego de unos años volvimos a encontrarnos en Buenos Aires, en la Maestría de Escritura Creativa de la Untref, y éstos son apenas algunos hechos eminentes de la historia de una amistad poética, que me llevó el pasado 14 de Octubre a presentar Perú, el último libro de poemas de Teresa, en el oeste del Gran Buenos Aires. Recuerdo perfectamente cada detalle del viaje por el río hasta Iquitos, un poema llamado Historia de la gran poeta peruana Blanca Varela, me acompañaba como si fuera un rezo, una invocación:

 

Puedes contarme cualquier cosa

creer no es importante

lo que importa es que al aire mueva tus labios

o que tus labios muevan el aire

que fabules tu historia tu cuerpo

a toda hora sin tregua

como una llama que a nada se parece

sino a una llama…

 

Blanca Varela

 

Cuando se construye un libro, se construye una familia, un país, una historia, un lenguaje. No hay palabra ajena, ni intemperie que no esté dentro de un engranaje de pertenencia. En este poemario, Perú no es únicamente el nombre de un pueblo, es la llama que a nada se parece, la misma de la que habla Blanca Varela, y es la llama de la voz poética de Teresa Orbegoso. El aspecto geográfico influye sobre el sujeto poético, pero ese sujeto también elige el espacio geográfico donde sentar su procedencia, tejer el entramado de identidad, desarrollar su lucha. El espacio de un territorio se vuelve fuente de cultura y al mismo tiempo de resistencia.

 

Sobre cuestiones relacionadas con la identidad actual, la escritora y docente, Rosa Nuñez Pacheco de la Universidad Nacional de San Agustín, ubicada en Arequipa, escribe en su trabajo de investigación Polifonía del Silencio: “Una visión culturalista de la realidad pone de relieve el tema de la identidad, pero la identidad resulta ser una categoría de difícil aprehensión, porque oscila en polaridades como lo foráneo y lo vernáculo, o lo cosmopolita y lo autóctono. Esta composición heterogénea de la realidad encuentra su mejor expresión en la literatura.”

 

¿Qué sería de los lugares sin el coro polifónico de los poetas? Cuando se habla de la historia de un país inevitablemente se habla de una historia familiar, todos somos atravesados por las circunstancias sociales y culturales que, de algún modo, también definen nuestros afectos y relaciones. En Perú esta construcción se vuelve visible mediante dos voces que van armando un doble entramado: la historia personal de ese sujeto poético va entreverándose con la historia de un país. Del encuentro entre ambos aspectos surge aquello que reúne la idea central de esta reseña y que le da el título: “historia familiar de un país”.

 

¿Qué otra manera más efectiva puede haber de describir y construir la historia de un país sino es a través de la historia personal, de un espacio plagado de percepciones propias que se abre? El entramado de esas voces anda desde un adentro y un afuera, desde la interioridad escribe lo siguiente: “Golpe tras golpe, tu voz toca, desintegra, el fondo del polvo del alma, de la casa del temblor. Entra en mí, destruye en mí, renace en mí. Repite la armonía de los números. Sé lo que no puedo contener y la música es el inca que hace bailar las marionetas del mundo…” Estas voces poéticas construyen una historia familiar y territorial, generando una poesía que se ubica en la intemperie para denunciar la situación de un pueblo y de una familia que ha emergido de la pobreza, que ha hecho de la pobreza su canto con el ancestral motivo de sobreponerse a la interminable realidad de conquista y saqueo.

 

Es conmovedora la forma en que esas voces alternan en un discurso poético doloroso y renovador: “Tu trompo, padre, giraba frente a todas las cosas que no pudieron. Nuestra casa ya no era nuestra casa. Otros vivían allí, con las puertas y ventanas abiertas. Las habitaciones iluminadas.”

 

Perú es un poemario que asume una mirada valiente sobre la realidad de los pueblos latinoamericanos, denuncia a través de una prosa poética descarnada el sentimiento de un pueblo que es obligado a callar la injusticia. “En el Perú, uno debe aprender a callar ante el dolor. Sólo se debe seguir, solo, seguir.” Somos en esa relación múltiple de voces, pero también somos en el silencio de esas voces.

 

El silencio concretándose en el territorio de una nación que no puede ser definida por los límites impuestos, sino por la voluntad de transgredir cualquier frontera que la delimite.

 

Al leer Perú no puedo dejar de imaginar que estos poemas significan el regreso a un país del cual siempre se está partiendo, un país que jamás podrá ser plenamente abandonado; la pertenencia a aquel lugar que nos ve nacer, pero que a su vez debe ser sacrificado para lograr cantarle. La mirada de la poeta crea una perspectiva crítica, desde la cual jamás olvida el dolor que produce el exilio o el autoexilio. Perú vuelve a nombrar para construir otra versión de los hechos, es una crónica de este tiempo, una poética que enlaza el pasado y el presente de un pueblo sumido en su geografía, en su cultura, en el malestar que lo limita.

 

La lectura de Perú, un libro con llama propia, nos hace sentir las voces de un país que trasciende toda soberanía y límite para dar la bienvenida al país de la poesía. Una llama que no se apaga, que en el poema final anuncia la circularidad de la historia, del viaje, del fuego. Perú nos enseña que nada tiene mayor presencia que aquello que se vuelve intangible, aquello que puede habitar y deshabitar todos los espacios. Teresa Orbegoso escribe con una mano de niebla sobre la llama de aquellos lugares que alguna vez pudieron tenernos.

 

Datos Bibliográficos:

Título: Perú

Autora: Teresa Orbegoso

Editorial: buenosaires poetry

Colección: Pippa Passes

Fecha: Agosto de 2016.

Lugar: Buenos Aires. Argentina.

Páginas: 77

 

Publicado originalmente en el blog Projecto Ecos Latinos.Buenos Aires, 20 de Octubre de 2016. Ver publicación

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