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Claribel Alegría – Ida Vitale: identidad poética, género y exilio

Por Valeria Zurano

 

Entre 1890 y 1930 podemos situar las primeras vanguardias poéticas de mujeres en Latinoamérica, las cuales irán enriqueciéndose con la llegada de la Modernidad a las grandes ciudades. Los avances en la industrialización, el desplazamiento del campo a la ciudad, la secularización de la cultura, el afianzamiento de los ideales de progreso, la profesionalización de los oficios, la necesidad de una construcción nacional a través de la educación, intensifican las discusiones sobre el rol de la mujer en la sociedad. En esta etapa de transición irrumpen las voces de las poetas latinoamericanas que representan e incluso abren un camino divergente en lo que respecta a las vanguardias poéticas del momento. Sin embargo, dichas exploraciones estéticas parecían estar, en su mayoría, integradas por hombres.

Alfonsina Storni, Juana de Ibarbourou, Delmira Agustini, Gabriela Mistral, Magda Portal, María Flora Yánez, son algunos de los nombres que suscribieron las poéticas de mujeres en Latinoamérica, difundiendo una literatura heterogénea en cruce con la univocidad de una literatura tradicional e imperante.

Las vanguardias en América Latina buscaron nuevas manifestaciones estéticas, espacios de libre expresión, cambios en las formas tradicionales, afianzando una identidad cultural, consolidando una crítica poscolonial y una identidad nacional. Estas vanguardias procuraron marcar, especialmente a partir de 1920, una poética de ruptura dentro de un contexto sociopolítico que denunció y describió las postrimerías de la Modernidad.

En el contexto de la Modernidad el arte queda en manos de un sector burgués y una elite culta que proponían llevar adelante la modernización de la cultura en los centros urbanos. Mientras los movimientos estéticos se autodenominaban vanguardias, y los poetas e intelectuales festejaban, emergió simultáneamente la mujer en diferentes esferas dentro de una sociedad que prefería –a pesar de perseguir cambios que prometían importantes avances– sostener un sistema desplegado sobre los pilares del ensalzamiento de la masculinidad. La situación era notablemente contradictoria debido a la gran ausencia de la mujer en

cuanto a posibilidades de participación; sin embargo, no por ello dejó de brotar su valiosa opinión con admirable fuerza.

Las escritoras conforman y enriquecen las vanguardias en Latinoamérica, aunque con mayor profundidad podría pensarse que en realidad las poetas inauguran otras vanguardias que generan espacios divergentes de tensión y diálogo.

 

De esta manera la mujer en la Modernidad asume su identidad y protagonismo neutralizando un discurso violento y colonialista en el que las minorías

sociales eran ignoradas, acalladas y puestas al servicio de lo hegemónico. Podemos afirmar que la aparición de la mujer en la esfera cultural, social y política testimonia un deseo de emancipación y construcción de identidad, anhelo de las mismas vanguardias que la habían dejado de lado.

Mediante un repaso histórico se comprueba que las mujeres prácticamente no figuran en el relato oficial de la historia universal de la Literatura. Sin embargo, a pesar de esa acción deliberada de borrar el notable aporte de las poetas latinoamericanas, hoy es un acto de restitución afirmar que dentro del escenario poético que va de 1890 a 1930 se generó una situación de verdadera transgresión debido a que se incorporaron temáticas ignoradas, realidades desconocidas, voces y tonos poéticos silenciados, subjetividades ocultas, voces poéticas comprometidas, que ampliaron el sentido y la significancia de lo que hoy se conoce como la heterogeneidad que caracteriza a la poesía latinoamericana.

Cabe pensar la vanguardia como un quiebre o ruptura dentro de una fisonomía estática, que depende de un análisis diacrónico, reflexivo y para nada determinante, ya que debieran abordarse los movimientos vanguardistas como parte de una dialéctica que se origina en relación a las circunstancias de una época y un espacio determinado, en confluencia con un sentir y una necesidad, organizados a partir del propósito de concientizar una carencia en la percepción

de un grupo social. Razonamiento que permite observar esa tensión entre vanguardia y tradición, dependencia y emancipación, centro y periferia.

En el caso de la mujer en la literatura, como dice Francine Masiello: “La literatura femenina de vanguardia abre nuevas rutas para poder desafiar las leyes de la herencia y transformar el discurso lineal.” (40-45).

A partir de 1940 la poesía hecha por mujeres continuó en próspero crecimiento y difusión, adquiriendo su momento más álgido al destacarse

poetas como Olga Orozco, Blanca Varela, Claribel Alegría, Idea Vilariño, Yolanda Bedregal, Rosario Castellanos, Ida Vitale, Silvina Ocampo, entre otras.

Estamos ante una poética heterogénea por lo que resulta difícil intentar relacionarla o encasillarla dentro de un movimiento poético determinado. La poesía adquiere un tono intimista, despojado de ornamentaciones,

experimental, cercano a lo coloquial y con un marcado compromiso social, dejando de lado el tono y las inquietudes de las vanguardias anteriores.

 

Como hemos visto, Ida Vitale y Claribel Alegría son poetas de la misma generación; si bien sus propuestas poéticas son diferentes, podemos encontrar

algunos puntos de intersección que se desarrollarán en este artículo. Es importante destacar que ambas continúan en la actualidad escribiendo, con una intensa participación en la poesía latinoamericana.

Sus obras han tenido y tienen un reconocimiento dentro de los circuitos poéticos actuales, a pesar de estar fuera de lo que podríamos llamar el canon literario, ya

que este responde a ciertos espacios de poder donde, de manera frecuente, se premia y se celebra cierta poesía masculina.

Sería oportuno afirmar que gran parte de la literatura hecha por mujeres ha quedado en silencio, confinada a una zona marginal, y son los estudios

feministas y de género los que siguen otorgando visibilidad a esta literatura en América Latina. Dichos estudios llevan a cabo un trabajo invaluable de rescate y reivindicación de autoras, así como de obras poéticas, fundamentales para la literatura latinoamericana. La mujer en la poesía lleva un rol fundacional al tomar la enunciación del excluido, es la suya una voz que denuncia e indaga situaciones de injusticia en una sociedad expresamente patriarcal, en el sentido mismo en que da cuenta de una identidad, de un ser-mujer latinoamericana.

El vértigo de lo inexacto

Claribel Alegría nace en Estelí, Nicaragua, en 1924. Es escritora, poeta, narradora, ensayista y traductora de autores ingleses. Su padre nació en Nicaragua y su madre en El Salvador. Es en El Salvador donde pasa gran parte de su infancia y juventud, hasta que emigra a Estados Unidos. En su obra aborda problemáticas como la esclavitud, la injusticia social, la guerrilla, la violencia, el amor y la muerte, el barroquismo centroamericano, la cotidianeidad y la reflexión sobre el lenguaje poético.

Su poesía refleja la ideología de una corriente literaria que surgió en Centroamérica y que se llamó “Poesía Comprometida”. Claribel Alegría participó de manera pacífica de la guerra civil en Nicaragua defendiendo los derechos humanos y las políticas democráticas. Publicó su primer libro de poesía, Anillo de silencio, en 1948. Ida Vitale nace en Montevideo, Uruguay, en 1923. Es poeta, traductora, ensayista, crítica literaria. Edita su primer libro, La luz de esta memoria, en 1949. Integra la Generación del 45 junto a Idea Vilariño, Mario Benedetti, Juan Carlos Onetti, entre otros. En 1974 se ve obligada a exiliarse en México a causa de la dictadura militar.

Ida Vitale y Claribel Alegría no solo comparten los tiempos y la experiencia de encarnar dos voces fundamentales en la literatura, sino que en cada una de las experiencias poéticas aparece la idea de la imposibilidad del lenguaje, el cual no emerge como un espacio de seguridades y aseveraciones sino que es conducido por dichas experiencias poéticas al vértigo de lo inexacto.

El vértigo de lo inexacto haría referencia a esa sensación de abismo que surge cuando un poeta no concibe al lenguaje como apuntalamiento de su poesía, sino que es el mismo lenguaje el que interpela a esa voz poética. Lo inexacto es ver al lenguaje a través de una poética de innovación, que no implica una aceptación sino más bien una transformación en el discurso poético. Es aquello que no tiene exactitud porque no puede equipararse el valor obtenido de la experiencia con su valor estipulado de medición y por lo tanto su cuantía reside justamente en la inexactitud, como cualidad indispensable que lo vuelve subjetivo.

A continuación se citan dos poemas donde se halla el planteo del lenguaje como ausencia y vértigo, donde el lenguaje es lo ajeno para nombrar lo propio y por ende no hay dependencia hacia él sino necesidad de subvertirlo, lo que lleva a las dos poetas a indagar en una consciente preocupación metalingüística.

Esta problemática conformaría una característica fundamental de la identidad poética y, al mismo tiempo, se advierte que esa característica funciona como sitio de encuentros e intersecciones 

Me gusta palpar las hojas

Claribel Alegría

Más que libros

Revistas

Y periódicos

Más que móviles labios

Que repiten los libros,

Las revistas,

Los desastres,

Me gusta palpar hojas

Cubrirme el rostro de hojas

Y sentir su frescura

Ver el mundo

A través de su luz tamizada

A través de sus verdes

Y escuchar mi silencio

Que madura

Y titila en mis labios

Y se rompe en mi lengua

Y escuchar a la tierra

Que respira

Y la tierra es mi cuerpo

Y yo soy el cuerpo

De la tierra

Claribel.

 

Cultura del palimpsesto

Ida Vitale

 

Todo aquí es palimpsesto,

pasión del palimpsesto:

a la deriva,

borrar lo poco hecho,

empezar de la nada,

afirmar la deriva,

mirarse entre la nada acrecentada,

velar lo venenoso,

matar lo saludable,

escribir delirantes historias para náufragos.

 

Cuidado:

no se pierde sin castigo el pasado,

no se pisa en el aire.

Cultura del palimpsesto

Ida Vitale

Todo aquí es palimpsesto,

pasión del palimpsesto:

a la deriva,

borrar lo poco hecho,

empezar de la nada,

afirmar la deriva,

mirarse entre la nada acrecentada,

velar lo venenoso,

matar lo saludable,

escribir delirantes historias para náufragos.

 

Cuidado:

no se pierde sin castigo el pasado,

no se pisa en el aire.

En el poema de Claribel Alegría aparece la palabra mercantilizada, su esencia pierde sentido volviéndose autómata, alejándose del cuerpo y de la tierra. El silencio parece encerrar esa palabra original que la acerca a la vida y a la naturaleza. En ese ritual de ligar el sentido de la palabra y su esencia, el cuerpo se vuelve parte de la tierra. El poema toma distancia del uso convencional del lenguaje, en contraste con un sentido profundo del mismo que es confluencia de su decir con el habla de la naturaleza. La voz poética cambia y deja de ser protagonista para conceder el habla a alguien que está por debajo, alguien que no es escuchado y que finalmente termina dirigiéndose a la poeta cuando en el último verso dice su nombre.

En el poema de Ida Vitale, la palabra escrita aparece como aquello que constantemente sucede y no puede dejar de suceder, es una zona de peligro y misterio, donde se soporta el riesgo de perderlo todo, incluso el lenguaje mismo. La poeta lo sabe, por eso en los versos finales advierte (se advierte a sí misma), para luego exponer en forma de sentencia, que es algo muy peligroso dudar del lenguaje y que amenaza la posibilidad de ser castigada por ello.

Las dos poetas humanizan la palabra desacralizando el lenguaje, mostrando su dualidad, su facultad de revelar y ocultar. En estas dos escritoras latinoamericanas se evidencia un yo poético complejo que forja una característica primordial en la construcción de identidades poéticas. Alicia Genovese se refiere a este proceso como la “doble voz”.

La idea “doble voz”, tal como viene siendo esbozada, mantiene cierto contacto con las ideas de Bajtín cuando desarrolla su teoría sobre el dialogismo, pero también con Elaine Showalter, quien al elaborar su modelo cultural para leer una escritura de mujer se refiere a los discursos de “doble voz”. Showalter considera que la escritora corporiza a través de su escritura la herencia hegemónica social, literaria y cultural (la cultura central), pero a la vez esa escritora habla desde un lugar diferente, una zona salvaje e inexplorada (wild zone). La “doble voz” consistiría para esta teórica norteamericana en transmitir una historia silenciada y al mismo tiempo otra que es dominante o central en la cultura (Alicia Genovese).

En este sentido, la idea del lenguaje en Ida Vitale y Claribel Alegría está enmarcada en una constante búsqueda literaria en la que el lenguaje es tema crucial de la escritura poética, pero además, y ubicándonos dentro de una poética que plantea un mundo y un modo diferente, el lenguaje es aquello que está fuera y que se vuelve peligroso, en oposición a una escritura poética donde el mismo funciona como instrumento de validación de un discurso sociopolítico tradicional y hegemónico.

El lenguaje poético del exilio

Continuando con el análisis, es preciso preguntarse si al exilio político que han vivido estas poetas puede sumarse un exilio del lenguaje, un salirse de la palabra para contemplar al lenguaje con cierto extrañamiento. Con respecto a este planteo podría pensarse que el exilio acontece en varios planos: por un lado el de ser exiliada por aquellos que hacen abuso del poder; por otro el de renunciar a aquello que no nos representa, aquello que es reflejo del poder y que por eso mismo habrá que transgredir y repensar. Hélène Cixous, en su libro La risa de la Medusa, afirma lo siguiente:

 

[…] Y si interrogamos a la historia literaria,

el resultado es el mismo. Todo se refiere al

hombre, a su tormento, a su deseo de ser [en]

el origen. Al padre. Hay un vínculo intrínseco

entre lo filosófico –y lo literario (en la medida

en que significa, la literatura está regida por

lo filosófico)– y el falocentrismo. Lo filosófico

se construye a partir del sometimiento de la

mujer. Subordinación de lo femenino al orden

masculino que aparece como la condición del

funcionamiento de la máquina.

 

La mujer trasciende de objeto pasivo y musa de inspiración del hombre-escritor a ser artífice de su

propio discurso. Sin embargo ese discurso femenino no está ajeno a un lenguaje masculinizado. Cuando hablamos de lenguaje masculinizado nos referimos a la utilización del mismo de manera androcéntrica, donde la expresión gira en torno a un sujeto masculino para referirse de una manera universal al ser humano.

 

Expresiones que reiteradamente son utilizadas para dirigirse a la mujer, a su ámbito, a su cuerpo, a sus actividades, manifiestan un trasfondo de misoginia y discriminación, marginando y subestimando todo aquello que pueda resultar diferente para la concepción sexista masculina.

Las poetas en Latinoamérica no solo necesitan la independencia de un cuarto propio como expuso Virginia Woolf, sino que requieren y buscan un lenguaje propio. En la poesía de Ida Vitale y Claribel Alegría esta búsqueda es un hallazgo. Hay un lenguaje poético que dice lo que en otros es silencio, un lenguaje que se materializa en el cuerpo afirmando una nueva identidad que será portavoz del continente americano.

Al exilio político de estas dos poetas, se suma el exilio del lenguaje como una experiencia poética de exclusión que surge a modo de respuesta ante cierta imposición discursiva. Esta misma experiencia reviste, además, el sentido de exiliarse del lenguaje por ser vivido como algo ajeno, por lo que se plantea la extranjería, la desconfianza, mirar al lenguaje como algo desconocido. En dichas poéticas se es extranjera en tres aspectos: en un aspecto político, en un sentido discursivo del poder y del sistema dominante y en la esfera íntima de lo que no es propio.

 

Toda historia es inseparable de la economía

en el sentido estricto de la palabra, de un

cierto tipo de ahorro. Relación del hombre

con el ser-hombre, con su conservación. Esta

economía, entendida como ley de apropiación,

es una producción falocéntrica. La oposición

propio/no propio (la valorización de lo

propio), organiza la oposición identidad/

diferencia. (Hélène Cixous).

 

De esta manera se desprende que instalar un lenguaje de poder es darle al mismo la calidad de mercancía-objeto, y precisamente esta valoración es lo que revierte la poesía de Ida Vitale y Claribel Alegría, en el sentido de construir una voz poética que incluya voces desplazadas del escenario social y literario. Sus poéticas transgreden los discursos canónicos del poder y siembran un discurso poético que tiene la validez de fundacional e imprescindible dentro de los procesos de conformación de identidades poéticas en la poesía latinoamericana escrita por mujeres. Esta idea de modificar las relaciones entre sujeto y lenguaje, instala una poesía vanguardista, transgresora y, por sobre todas las consideraciones, una poesía inclusiva, donde el abuso y la marginalidad se vuelven visibles.

 

¿Cómo se hace para estar en el centro o en

los márgenes? En toda cultura trabajan dos

mecanismos contrapuestos: la tendencia a

la variedad y la tendencia a la uniformidad.

También sucede eso al interior de cada escritor

y entonces la escritura se coloca en un punto

de tensión entre esos dos extremos: diversidad/

uniformidad. (María Teresa Andruetto).

 

Una poesía inclusiva se relaciona con lo que Andruetto distingue como diversidad y variedad, que hace referencia a una poesía que aboga por aquello que está velado en las lejanías de los márgenes y que paradójicamente dialoga creando una tensión permanente con el centro y su uniformidad. En una poesía inclusiva se suman identidades y voces, conflictos y extrañamientos, cualidades que hoy son esencia en la diversidad y pluralidad de la poesía latinoamericana.

 

Publicado originalmente en [SIC] Revista arbitrada de la Asociación de Profesores de Literatura del Uruguay Año IV – #9 | Agosto de 2014. Ver publicación

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